Posteado el 27 noviembre, 2017 Por en Críticas con 46 Visitas

Liga de la Justicia

LIGA DE LA JUSTICIA (“Justice League”), de Zack Snyder. 2017.

Tras los acontecimientos de Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016), Bruce Wayne comienza a reclutar superhéroes para enfrentarse a un nuevo peligro que amenaza a la Tierra. Ésta es la premisa con la que arranca Liga de la Justicia, que siguiendo la estela de su antecesora, Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017), se decanta por afirmarse como una película de aventuras, heredera del tebeo clásico y dejando de lado lecturas psicológicas más profundas.

Debido a lo infumable que resultó Batman v Superman, la influencia -guste más o menos- del tratamiento humorístico y distendido de las recientes películas Marvel ha terminando contagiando al universo DC, que ha optado por “marvelizar” sus propias producciones. En este sentido, Zack Snyder, que tuvo que abandonar el rodaje tras un terrible drama familiar, y su sustituto, Josh Wedon, artífice de Los Vengadores (2012) -quien añadió nuevas escenas y escribió gran parte del guion-, optan por ofrecer un producto más desenfadado, mas todavía con muchas carencias. Aunque ha mejorado ligeramente, el universo DC sigue en crisis…

La película empieza presentando a los superhéroes que acompañarán a Bruce Wayne/Batman en esta aventura, y al menos se agradece que en esto vaya al grano. Posiblemente la mejor escena sea la liderada por Wonder Woman (Gal Gadot) en Londres, al inicio del film. La amazona acabará ensombrenciendo al resto del elenco y es de lejos el personaje más en forma de todo el grupo. Por el contrario, las presentaciones de Aquaman (Jason Momoa) y Cyborg/Victor Stone (Ray Fisher) resultan bastante flojas y desangeladas, confirmando la poca entidad de ambos personajes. Con Flash, interpretado por el actor Ezra Miller, conocido por Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012) y Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011), DC cubre el expediente presentando al personaje más cómico, aunque la película no acaba de soltarse en este sentido, como por ejemplo, ha logrado recientemente la solvente Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017). La interacción entre los superhéroes es olvidable, amenizada solamente por Flash, en un cóctel que no acaba de cuajar en ningún momento.

Ben Affleck sigue pidiendo a gritos un relevo y salir de delante de las cámaras lo antes posible y el Superman de Henry Cavill, cada vez más acartonado, sigue ofreciendo los momentos más trascendentes a través de su relación con una inoperante Amy Adams en el papel de Lois Lane y con una casi inédita Diane Lane interpretando a su madre, Martha Kent. La resucitación de Superman no deja de ser un poco bochornosa y su integración de nuevo en el bando de los buenos -donde lo mejor son los chascarrillos de Flash haciendo referencia a El cementerio viviente (Mary Lambert, 1989)- se produce de forma deslucida y explicando de forma bastante confusa la relevancia de las mother box creadas por Jack Kirby. Mención aparte merece el villano en cuestión de esta entrega, un desdibujado Steppenwolf, al que pone voz Ciarán Hinds, un personaje que parece un refrito de otras películas y que brilla por su falta de carisma, rozando el ridículo.

La música de Danny Elfman cumple su función y se agradece que la sepa conjugar con las viejas partituras de John Williams y Hans Zimmer, y la suya propia para Batman (Tim Burton, 1989). Un buen trabajo que, sin embargo, no puede tapar la desordenada fotografía, sobre todo en las batallas finales, que condena al film con una estética feísta indigna de una producción de 300 millones de dólares. El uso del CGI también resulta sonrojante en algunas ocasiones.

En resumen, una película que quiere suponer un paso adelante en el universo DC, pero que no consigue llegar tan lejos como hiciera Wonder Woman. La falta de personalidad del conjunto y la necesidad de una regeneración a todos los niveles sigue siendo alarmante. Lo mejor, esos títulos de crédito iniciales a lo Watchmen (Zack Snyder, 2009) con Sigrid versionando Everybody knows de Leonard Cohen.

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