Posteado el 30 mayo, 2017 Por en Cine Independiente con 351 Visitas

“Los asesinos de la luna de miel” (1970)

El verdadero sabor a cine independiente americano

The honeymoon killers es un  film escrito y dirigido por Leonard Kastle en 1970, con Shirley Stoler y Tony Lo Bianco en los papeles principales. Está basada en la verdadera historia de Raymond Fernandez y Martha Beck, dos asesinos de los años 40 conocidos como “The lonely hearts killers. Presuntamente, la pareja fue responsable de haber asesinado a 20 mujeres y una niña entre 1947 y 1949 en la costa este y el Medio Oeste de EE.UU., aunque curiosamente fueron condenados por un único crimen, el de Janet Fay, único caso que fue a juicio.

Martha Beck es una jefa de enfermeras de Mobile (Alabama), soltera y con un problema de sobrepeso, que vive amargada en casa con su madre. Conoce a Raymond, inmigrante español, a través de una carta que una amiga suya envía a una agencia de contactos. Después de intercambiar correspondencia, él la invita para conocerse en New York, donde Martha descubre que Ray vive de apoderarse de los ahorros de mujeres solitarias. Martha se enamora locamente de Ray y acepta convertirse en su cómplice, haciéndose pasar por hermanos; juntos urdirán un plan para hacerse ricos a costa de mujeres adineradas solitarias. En el epílogo del film, cuatro meses después de ser arrestados, Martha recibe en prisión una carta de Ray diciéndole que nunca ha amado a otra mujer como a ella, antes de ser ejecutados en la silla eléctrica en Sing Sing el 8 de marzo de 1951.

Aunque se basa en hechos reales y utiliza los verdaderos nombres de los asesinos, víctimas y localizaciones de sus fechorías, el film se toma algunas licencias con la realidad de los hechos que describe. Aunque los verdaderos crímenes ocurrieron en 1940, la película sitúa la acción en las postrimerías de los años 60, cuando se produjo la película. En The honeymoon killers, los asesinatos se presentan como una consecuencia de los celos de Martha, pero en la realidad Fernandez ya había matado a una de sus víctimas antes de conocerla, para hacerse pasar como su viudo y reclamar sus propiedades. No hay ninguna mención al hecho de que Martha estaba divorciada con dos niños, a los que abandonó siguiendo los consejos de Ray (en el film abandona a su madre, en su lugar), y tampoco ninguna a la esposa y cuatro hijos de Ray en España. Uno de los elementos más fascinantes de la película es el enfermizo enamoramiento de Martha y sus celos; en todo momento ve a Ray como al salvador que la ha sacado de su anodina vida. Su relación tiene un cierto aire cómico, y esto, junto a lo irritantes que son sus víctimas, provocan un ligero guiño de empatía del espectador hacia la pareja protagonista.

La narración tiene un tono documentalista y destaca por la frialdad con la que retrata unos hechos tan espeluznantes y la indiferencia ante ellos de los criminales. La pareja es muy distinta a otras parejas de famosos criminales del cine, tales como los protagonistas de Bonny & Clyde (1967) o Asesinos natos (1994), debido principalmente a su espantosa naturalidad al ejecutar unos crímenes de forma tan espontánea e íntima.

La oscura y tétrica fotografía de Oliver Wood, sumada al genial montaje de Stan Warnow, contribuye al descuido formal que caracteriza la película, y que es tan propio de films de serie B. El film presenta algunos defectos técnicos, pero la filmación de largos planos, close-ups y fueras de campo dan como resultado una película totalmente hiperrealista e interesante. La mayoría de las escenas tienen lugar en interiores y habitaciones cerradas y oscuras, aunque la fotografía de Wood es limpia. Más adelante, el propio Wood cosechó cierto éxito gracias a trabajos como La jungla de cristal 2 (1990) y Cara a cara (1997).

La crudeza con la que se nos transmiten los hechos y el gran trabajo de los actores contribuyen a ofrecernos una historia descarnada, en la que no se cuestiona ninguno de sus crímenes, sino que se muestran de la forma más inhumana posible, y que está encuadrada dentro de lo que se conoció como “exploitation”. La violencia aparece generalmente fuera de plano y se exhibe la naturaleza inquietante de dos seres solitarios que no parece, a primera vista, que puedan encajar. El film empieza algo trabado, pero avanza en clara línea ascendente; no nos muestra muchos crímenes, pero cuando lo hace, es de una sordidez y crudeza inusitada para el cine de la época, como si fuera precursor del cine slasher que vendría años después.

La película fue producida por Warren Steibel, productor del programa de debate “Firing line” y fue la primera escrita y dirigida por Leonard Kastle, que era conocido por su trabajo como compositor de ópera, siendo ésta la única vez que dirigió un film. Los actores, provenientes del mundo del teatro, también debutaban en el cine con esta película. La elección de los actores fue un éxito rotundo. Tony Lo Bianco obtendría cierto éxito con papeles en French connection (1971) y Los implacables (1973) y en algunas series para la TV; por su parte, Shirley Stoler solamente realizó papeles de segunda fila como en Buscando a Susan desesperadamente (1985) y Frankenhooker (1990).

Steibel contrató a Martin Scorsese (iba a ser su segundo trabajo en dirección) para capitanear la película, pero fue despedido al poco tiempo. Según el productor, las tomas se eternizaban y se temía que el rodaje no se pudiera completar dentro de los plazos previstos. Finalmente, algunas de sus escenas fueron incluídas hasta que la responsabilidad de la realización recayó en manos de Kastle. La película estaba muy ajustada presupuestariamente, apenas costó unos 150.000 dólares, por lo que los propios actores tenían que encargarse de su imagen en lo que a vestuario y maquillaje se refería.

Los efectos especiales también fueron de lo más simples, e incluso, en la escena de uno de sus crímenes, se utilizaron condones rellenos con glicerina y tinta roja , que se fijaron en la parte posterior de la cabeza de la víctima con yeso. Así, cuando Martha golpeó con el martillo a Janet Fay, la sangre empezó a fluir lentamente. Por lo que respecta a la banda sonora, la sabia elección de Kastle consistió en seleccionar unos movimientos de la quinta y sexta sinfonías de Gustav Mahler, que subrayaban la lamentable tragedia que contenía la historia.

La película, a pesar de ser alabada por la crítica, que la catalogó de “exploitation film”, no funcionó en taquilla por la dureza de su contenido, e incluso fue prohibida en Australia en 1971 por “violenta e indecente”. Truffaut la consideraba su “película americana favorita” y contribuyó favorablemente a su difusión por el viejo continente.

Dos han sido los films inspirados en esta misma historia: Profundo carmesí (Arturo Ripstein, 1996), una libre adaptación ambientada en México que cambiaba el nombre de los personajes; y un remake con Salma Hayek y Jared Leto como protagonistas, dirigido por Todd Robinson, que llevaba por título Corazones solitarios (2006). Esta última se centraba principalmente en la investigación policial, inédita en la versión de 1970, que sin embargo, conserva un encanto con el paso de los años que los otros no han podido lograr, ese genuino sabor a verdadero cine independiente americano que tanto nos fascina.

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