Posteado el 6 diciembre, 2016 Por en Cinefilia con 684 Visitas

Los capitanes de la Mafia

MAFIA PRINCIPAL

Aproximación a la estructura jerárquica de Cosa Nostra, la organización criminal más famosa del mundo, según el cine de Hollywood

Llevaba tiempo dándole vueltas al tema de la mafia, uno de mis favoritos, que es con lo que quería volver a esta gran bitácora tras la amable insistencia de mi amigo Faust de Winter. Para acotar contenidos, me he centrado en tres películas concretas: “El Padrino”, “Uno de los Nuestros” y “Donnie Brasco”, siendo consciente de que hay mucho escrito y de que probablemente no sea capaz de aportar nada nuevo al respecto. Sin embargo y, pensando en la figura del capitán en la jerarquía de la mítica organización criminal (caporegime o capo a secas), he sentido la necesidad de especificar las diferentes visiones que se tienen en lo referente a tal figura y al resto de estamentos de Cosa Nostra en general, ya sea por contradicción o por la disparidad de criterios a la hora de reflejarla en pantalla.

EL PADRINO FAMIGLIAEn “El Padrino”, por ejemplo, Tessio y Clemenza forman la dupla más famosa de la historia en cuanto a capitanes mafiosos de cine. La estructura de la mafia que refleja el film es la siguiente: Don, sottocapo (Santino), consigliere (Tom Hagen), capitanes (Tessio y Clemenza), soldados, asociados. Siempre para abajo, piramidal, con estamentos claramente diferenciados.

La presencia de Tessio en El Padrino es testimonial ya que, aunque dirige su propio grupo de soldati, el personaje no tiene recorrido y su arco se limita a la traición a Michael, un momento, por otro lado, tan épico como el final de Frank Pentangeli en “El Padrino II”.

Clemenza tiene más carácter y, aparte de por su apetito culinario, destaca por su capacidad ejecutora y de mando, cosa que advertimos con claridad en la escena del coche de Paulie, después de ponerlo Santino “el primero en la lista” tras del intento de magnicidio. En la segunda parte de la saga aparece como el compinche de un joven Don, su SANTINO PADRINO MAFIAparticular instigador en las (malas) artes criminales. Clemenza es un capitán tradicional, acostumbrado a tratar con subalternos y a codearse con los de arriba -recordar la reunión de urgencia en la que Michael llama repetidas veces a Luca Brasi-, incluso si algunos, en ocasiones, le menosprecian como Santino Sonny Corleone, el trágico príncipe de la famiglia.

Santino es todo ímpetu y un negado para dirigir los asuntos de la familia. Eso queda latente desde mucho antes del encuentro con Sollozzo, alias el Turco. Le pierden las faldas y su genio, algo que no casa con lo que se le presupone a un líder de su responsabilidad. Es el sottocapo, el segundo de a bordo, y en este caso es más por herencia que no por capacidades, como digo; de todas maneras, en el aire queda el periodo anterior a los años cuarenta, época en la que un joven Sonny se hace con el control de los bajos fondos de la ciudad, cosa a la que se alude y que parece que Mario Puzo, el autor del best seller en el que se basa el film, iba a desarrollar antes de su muerte en 1999.

La mafia que nos enseña “El Padrino” es señorial, puesto que los asociados -aspirantes al título de mafioso- tienen roles muy secundarios -pienso en el Johnny Ola de la segunda parte- y los soldati apenas tienen voz. Puzo y Coppola quisieron plasmar la pugna de las famosas cinco familias neoyorquinas por el control de los bajos fondos en la post guerra de finales de los cuarenta, por lo que los asuntos terrenales dejarán paso a las alianzas, traiciones y el sino de la figura de Michael Corleone, el primer siciliano nacido en Estados Unidos que dirigirá a la famiglia.

En “Uno de los Nuestros” (“Goodfellas”), la mafia bajaba unos cuantos escalafones para enseñarnos la vida y milagros de un asociado en este capolavoro de Scorsese (1990). Aquí solo vemos al capitán o caporegime de turno, Paul Cicero (un literalmente enorme Paul Sorvino), en contadas ocasiones, y siempre con un aura de Don ya que es ante éste que Henry Hill (Ray Liotta), el protagonista, debe responder en última instancia. Las altas esferas no aparecen y aquí radica la principal diferencia respecto al clásico de Coppola, donde todo está rígidamente marcado y viene delimitado por la figura de Don Corleone, una generación atrás con respecto a “Goodfellas”.

Ray Liotta, en su mejor papel por cierto, no llega ni siquiera a pretender ser un soldato, se conforma con vivir al límite en una vida de excesos y lujo; por el contrario, Joe Pesci, en su papel más desmedido (“Casino” aparte), solo ambiciona el entrar a formar parte de la familia; al tener 100% sangre italiana -Henry es medio irlandés-, como asociado, si cumple con sus cometidos y Paulie lo promueve, podría llegar a ser un soldato e ir subiendo en el escalafón criminal. Pero hay un problema: es un jodido psicópata y está scatenato (desencadenado). Tommy (Pesci) y Henry (Liotta) trabajarán juntos pero es evidente que no tendrán el mismo final: la ambición y el temperamento de Tommy acabarán siendo su perdición, mientras que a Henry lo único que le quedará, será -si quiere seguir con vida- la resignación de una vida “normal”.

Donnie Brasco (1996)Directed by Mike NewellShown: Al Pacino, Johnny DeppEn “Donnie Brasco”, la premisa nos sitúa en un caso real de 1978 (misma época que en el film anterior): el agente Joseph Pistone (Johnny Depp) consigue infiltrarse durante años en el seno de la familia Bonanno, la cual queda casi desmantelada. Es interesante el juego de poderes y vendette que hay en este film del insulso Mike Newell, sobre todo en la parte alta de la pirámide; en realidad, la trama gira alrededor de los quehaceres de Lefty Ruggiero (Al Pacino), un soldado de poca monta de la familia incapaz de ascender en la estructura mafiosa. Al principio, Sonny Red es un capitán, Sonny Black asciende al mismo puesto y el tercer capitán es un tal Rusty, el cual dirige sus operaciones desde la cárcel. Todos deben lealtad -y tributo- al capo massimo (Don), se supone que a Joe “Bananas” Bonanno, aunque no lo nombran.

Esta película retrata una encarnizada lucha de poderes en los escalafones de arriba, ya que diferentes capitanes de la misma familia se odian y conspiran para eliminarse unos a otros. Donnie aparece en medio de esa guerra interna y sube rápidamente de asociado a soldado, promovido por Lefty y luego por Sonny Black, que lo amparan sin saber que en realidad es un infiltrado del FBI. Destaco, como decía, la visión del soldado raso, reflejado en un Lefty Ruggiero (un sorprendente Al Pacino) que es un quiero y no puedo; las penurias, el frío, una vida familiar inestable con un hijo yonqui, un cáncer… y un desencanto perpetuo con respecto a las altas esferas y el método de ascensión, que sistemáticamente lo margina y condena a una vida mediocre. El asociado de “Uno de los Nuestros” puede llegar a vivir como un rey, mientras que el de “Donnie Brasco” es el último mono y, además, es tratado como tal por sus superiores.

Para acabar, me gustaría hacerlo con una frase de Henry Hill, en su versión doblada, en el mítico plano secuencia de “Uno de los Nuestros” de la entrada al Copacabana, fiel reflejo del modus vivendi de los mafiosos norteamericanos “post Padrino”, de los autodenominados wiseguys (chicos listos):

Para nosotros vivir de otra manera era impensable, la gente honrada que se mataba en trabajos de mierda por unos sueldos de miseria, que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas estaba muerta, eran unos gilipollas, no tenían agallas. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos tal paliza que jamás volvía a quejarse, era una simple rutina, ni siquiera lo pensábamos”. Amén.

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