Posteado el 13 mayo, 2018 Por en Críticas con 179 Visitas

Lucky

LUCKY, de John Carroll Lynch. 2017.

El testimonio de una vida

El actor John Carroll Lynch debuta tras la cámara con Lucky, un film que supone el vehículo perfecto para la despedida del magnífico Harry Dean Stanton, quien nos deja esta cinta como un legado de vida. Lucky es Harry Dean Stanton por los cuatro costados, y tiene un inequívoco carácter de homenaje que propicia que actor y personaje se fundan en uno solo.

Lucky tiene 90 años y vive solo en su casa en el desierto, siguiendo una rutina que cumple religiosamente, fumándose además un paquete de cigarrillos diario. Aunque su salud le ha causado un pequeño susto que le pone en alerta de su vulnerabilidad, el protagonista quiere conservar su independencia y se pregunta cuál es el sentido de su existencia. Alrededor de Lucky confluyen una serie de extravagantes personajes que también contribuyen al discurso sobre la vejez y la inexorabilidad de la muerte. Entre ellos destaca Howard, un elegante personaje vestido de blanco, interpretado por David Lynch, que ha perdido al compañero de su vida, un galápago de más de cien años llamado Presidente Roosevelt, y que acude a un abogado para hacer testamento.

Como he comentado, la película pone en bandeja el lucimiento de un Harry Dean Stanton en estado de gracia -atención a la escena donde canta una ranchera en la fiesta de aniversario de un niño mexicano- y esto supone que John Carrol Lynch se preocupe más en representar escenas icónicas del actor como los paseos de Lucky por el desierto que recuerdan inevitablemente a París, Texas (Wim Wenders, 1984), que en desarrollar una trama hilvanada. El film es el estudio de un personaje cómico que aspira a convertirse en  una reflexión sobre la mortalidad. La humanidad del personaje domina todo lo que acontece en la historia y provoca que algunas discusiones sobre temas religiosos y espirituales no lleguen a desarrollarse del todo o que el resto de personajes actúen como meras comparsas de Stanton.

Lucky es un film modesto y muy emotivo en el que al final el protagonista emprende un viaje literal y metafórico, que será el último. La historia de un anciano que goza de muy buena salud y que ha decidido la soledad como forma de vida, y que representa también la idea de una América que se está extinguiendo. Para siempre conservaremos en la retina la graciosa forma de andar y el carácter airado y a la vez entrañable de un actor que nos deja su testimonio final. Descanse en paz.

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