Posteado el 12 noviembre, 2017 Por en Críticas con 43 Visitas

madre!

MADRE! (“mother!”), de Darren Aronofsky. 2017.

Aronofsky se lanza a la piscina con mother!, una película con la que pretende incomodar, provocar y epatar al espectador a través de una alegoría bíblica que denuncia el pesimismo en la condición humana. El objetivo no era fácil y al menos hay que agradecerle al realizador el esfuerzo y la valentía por llevar a cabo una película tremendamente incómoda y poco convencional, pero la realidad es que la fórmula no le ha funcionado…

mother! no es lo que parece a primera vista. Durante la primera mitad del metraje parece que estemos viendo una película de M. Night Shyamalan a través de la mirada subjetiva de una mujer (Jennifer Lawrence), a la que la cámara sigue obsesivamente, arrinconada por un marido escritor narcisista, Él (Javier Bardem), que está atravesando una preocupante crisis de creatividad. Se acaban de mudar a una nueva e inmensa casa donde el artista intenta recuperar la visita de las musas.

En su segunda mitad la película se precipita hacia una vorágine de escenas confusas y violentas que nos acaban sumergiendo en el más absoluto de los caos, sin ninguna sutileza. Una alegoría de personajes bíblicos tan literal que desperdicia jugar con la ironía ante lo absurdo de lo que estamos viendo. El empeño no da sus frutos. Aronofsky no está a la altura del Buñuel de El ángel exterminador ni del Polanski de La semilla del diablo (en los momentos en los que el film parece un thriller de visitantes inesperados en una casa) y aunque su intención es provocarnos, consigue lo peor que podía pasar: aburrirnos soberanamente… Una película excesiva que abusa de la saturación para retratar el infierno personal.

Entre tanto caos destaca la recuperación como actriz de una Michelle Pfeiffer que se echa de menos que no aparezca en más escenas y un siempre solvente Ed Harris, que mejoran la histérica interpretación de una Jennifer Lawrence perdida en un guion infumable y la de un Javier Bardem preso de sus peores tics.

Muchos alabarán esta nueva obra de Aronofsky, quien, bajo mi punto de vista, ya empezó a perder el rumbo en su anterior cinta,  Noé (2014), -yo empezaría a desterrar las referencias religiosas de su carrera para el futuro- y es que a la postre, la forma metafórica con que trata los temas del film (la destrucción del planeta, la maternidad, el matimonio…) no resulta nada original ni rompedora, como tampoco lo es la lectura de la pérdida de inspiración en el proceso creativo y la búsqueda de ésta desde el dolor y la destrucción.

Un ejercicio demasiado pretencioso -no olvidemos que el título original fue concebido con la negación de la mayúscula y añadiendo una exclamación final- que cumple la máxima de que una película mala, si además tiene pretensiones, es doblemente mala.

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