Posteado el 13 enero, 2018 Por en Críticas con 140 Visitas

Molly’s Game

MOLLY’S GAME, de Aaron Sorkin. 2017.

Auge y caída del sueño americano

El reputado guionista para cine y televisión Aaron Sorkin (El ala oeste de la casa blanca, 1999-2006; La red social, 2010; Moneyball, 2011) debuta tras la cámara con la adaptación de la historia real de Molly Bloom, una esquiadora de calidad que tras perderse los JJ.OO. de Salt Lake City por una grave lesión, emprendió gracias a sus dotes empresariales una serie de negocios relacionados con el póker con los que llegó a ganar millones de dólares. Su trayectoria terminó cuando fue investigada con el FBI, acusada de cobrar comisiones ilegales y de relacionarse con figuras relevantes de la mafia internacional. El film de Sorkin, basado en las memorias de la protagonista -integradas dentro de la propia trama del film- narra su auge y caída y su aparición ante los tribunales, donde fue defendida por el ficticio abogado Charlie Jaffey (Idris Elba).

Sorkin centra toda la película en la historia de una brillante mujer luchando en un mundo de hombres. Jessica Chastain echa el resto interpretando a Molly Bloom, en otro trabajo memorable como el que hiciera en El caso Sloane (John Madden, 2016), convirtiéndose de nuevo en la estrella indiscutible de la película. Como ocurre a veces en un guión de calidad, la película está repleta de detalles que a veces son difíciles de seguir para el espectador. Datos relacionados con el deporte del esquí y el mundo del póker se combinan con la aparición por las clandestinas salas de juego -ya sea en Los Angeles primero o en el Hotel Plaza de Nueva York después- de personajes famosos de los cuales no se revela su identidad. En el film, el más inquietante de ellos es, sin duda, el Jugador X interpretado por Michael Cera, con una afición insana a “arruinar la vida de los demás”. En la realidad, el precio que tuvo que pagar Bloom por mantenerlos en el anonimato fue muy alto y es una de las muchas reflexiones que nos propone la historia.

En Molly’s Game el póker es el medio para representar una vez más temas como el fracaso, la ambición o las relaciones familiares. En definitiva, una nueva aproximación al sueño americano. Estas últimas se centran principalmente en la relación entre una hija rebelde y un padre exigente, Larry Bloom, interpretado por Kevin Costner, quien además ejerce como entrenador de esquí de la protagonista. Aunque durante la mayor parte del metraje se elude este tema, en el desenlace descubrimos que esta circunstancia ha sido el motor de algunos de los acontecimientos y el análisis y resolución de la tensión entre padre e hija nos da una perspectiva muy interesante -y realista- de lo ocurrido.  Esto sucede en un momento crucial de la película, ya que en ocasiones el sobreexceso de diálogos, datos y anécdotas -aunque se suele decir que la realidad supera a la ficción, algunas cuestan de creer- nos hacen pensar que el film prioriza las ganas de epatar en detrimento de un retrato realista de los hechos.

El guion y las interpretaciones son las principales bazas de esta película que podría ser catalogada como un film de guionista. Sin embargo, también es destacable el trabajo de montaje, que consigue mantener el interés en un gran engranaje de brillantes diálogos, durante las más de dos horas y cuarto que dura el metraje, y que utiliza el flashback como base desde la primera escena en la que Molly es arrestada. Otro logro, pues, que añadir a los cosechados por Aaron Sorkin.

En definitiva, Molly’s Game es un elaborado ejercicio de búsqueda de identidad de una mujer que lucha por abrirse camino en un mundo de hombres que responde a lo que cabía esperar de un trabajo de Sorkin: guion solvente repleto de ideas con excelentes interpretaciones -las escenas entre Chastain y Elba rebosan calidad a raudales-; y un montaje que favorece un ritmo endiablado que hace de la película una experiencia estimulante y entretenida, con reflexión moral incluída.

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