Posteado el 26 noviembre, 2017 Por en Críticas con 26 Visitas

Musa

MUSA, de Jaume Balagueró. 2017.

Balagueró regresa a un terreno que conoce a la perfección para adaptar la novela de José Carlos Somoza La dama número trece, en la que Samuel Salomon (Elliot Cowan) interpreta a un profesor de literatura traumatizado por el suicidio de una estudiante con la que mantenía una relación. A raíz de esta traumática experiencia, Salomon empezará a tener una pesadilla recurrente y premonitoria en la que una mujer es brutalmente asesinada a través de un extraño ritual. Al acudir al lugar del crimen descubre que otra mujer, Rachel (Ana Ularu) también comparte el  mismo sueño.

La película mezcla elementos del thriller sobrenatural con el género de terror más clásico, recurriendo a la violencia de forma explícita. Las obsesiones del director están presentes en este film, donde la capacidad para crear una pesadilla con gran realismo y la belleza que encierran algunas de sus imágenes más perturbadoras son sus señas de identidad. Un film de solvente factura, pero bastante impersonal y falto de autenticidad, que destila una gran frialdad en los conflictos dramáticos que presenta.

El argumento encierra una gran tragedia y la presencia de misteriosas damas vestidas de negro será el elemento más inquietante del metraje. La novela es más compleja que el film, que adapta libremente las numerosas claves literarias que contiene el texto original de Somoza. Balagueró incluso sintetiza hasta el número de damas, de trece a siete, para presentar un film mucho más asequible al espectador, lo cual no debe considerarse un mérito en ningún caso, más bien todo lo contrario. En Musa la imagen siempre supera con mucha diferencia el texto, que a veces se percibe de forma demasiado confusa.

Es inevitable el recuerdo a las madres del universo de Darío Argento, un referente que de algún modo está presente en la obra del realizador español. El reparto internacional, por motivos de coproducción, tiene a Christopher Lloyd como presencia más destacada, y además de Cowan y Ularu, a la alemana Franka Potente, célebre por Corre, Lola, corre (Tom Tykwer, 1998) en uno de los roles protagonistas.

Musa recuerda inevitablemente al primer film de Balagueró, Los sin nombre (1999), compartiendo topos y final inesperado; una película mejor tratada a nivel técnico debido a su perfeccionamiento como cineasta, pero que no goza de la personalidad que cabía esperar de uno de los directores españoles clave del cine de terror de los 90. Olvidable.

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