Posteado el 10 julio, 2017 Por en Cine Europeo con 240 Visitas

“Possession” (1981)

La desintegración psicológica de una pareja

La posesión es sin duda la película más emblemática de la filmografía de Andrzej Zulawski. El film trata sobre el proceso de desintegración de una pareja y el efecto devastador que ésta produce en la salud mental de Anna (Isabelle Adjani), cuyo comportamiento resulta cada vez más inquietante e incomprensible. La película fue una producción francoalemana rodada en inglés que no llegó a estrenarse en Alemania hasta su lanzamiento en DVD en 2009 y que fue prohibida en Reino Unido hasta 1999.

La acción transcurre en la ciudad de Berlín antes de la caída del Muro, lo cual sirve para resaltar los problemas de incomunicación de la pareja. El marido, Marc (Sam Neill), al llegar un día a casa, se encuentra a su esposa totalmente nerviosa y desencajada, hasta que ésta le confiesa que tiene una aventura y lo abandona. Marc hace lo posible para conocer a su nueva pareja, encontrándose con Heinrich (Heinz Bennent), un personaje que acentúa el sentimiento de incomodidad, bochorno y vergüenza ajena que Zulawski quiere provocar en el espectador. Aasimismo, Marc contrata un detective privado para que siga a Anna, personaje que es asesinado brutalmente con una botella rota en el piso donde Anna se encuentra con la criatura, entre las calles Sebastian y Luckauer, enfrente de un sector vigilado del Muro.

Los miedos de ella toman la forma de este extraño monstruo que habita un piso vacío al que visita en diversas ocasiones a lo largo del film, en una de las interpretaciones más intensas y devastadoras que se recuerdan y por la que Isabelle Adjani recibió premios tan destacados como el de Mejor Actriz en el Festival de Cannes y el César de la Academia francesa. Sin embargo, el sobreesfuerzo pasó factura a la gran actriz, que necesitó un tiempo de desconexión importante para recuperarse de un trabajo tan intenso. Muestra de ello es la escena del metro de Berlin, en los pasillos de la parada de metro de Platz auf der Luftbrücke, donde Anna sufre unas tremendas convulsiones que tienen como resultado un sobrecogedor aborto natural.

El realizador polaco se inspiró en su propia separación, la de la actriz Małgorzata Braunek, la cual se expresa a través del desasosiego y la estructura desordenada de la película, una concatenación de estallidos emocionales que enfrenta la forma tan expresiva de Adjani con el carácter tan contenido del personaje de Sam Neill. Llegados a este punto hay que resaltar que el trabajo de los dos actores es inmenso. Las miradas de Adjani y Neill hielan la sangre, nos transmiten a la perfección su camino hacia la locura y especialmente ella sienta cátedra en una interpretación sobreactuada (en este caso en el buen sentido de la palabra) que nos magnetiza por completo. La desintegración marital y psicológica es absoluta.

Zulawski y la censura

Zulawski atravesó muchas dificultades para ejercer su carrera en Polonia, donde tuvo que enfrentarse a la censura en muchas ocasiones. Sus películas, La tercera parte de la noche, El diablo y El globo de plata fueron recortadas en mayor o menor medida, sobre todo la última, una película de ciencia ficción que se recortó prácticamente en una tercera parte. Como no podía ser de otra forma, también La posesión se redujo unos 45 minutos en su edición norteamericana. En Francia sí pudo ejercer su profesión con libertad y se estableció allí a finales de los años 70. Trabajó con grandes actrices como la mencionada Isabelle Adjani, Sophie Marceau o Romy Schneider, ganadora del César por Lo importante es amar, su primera película francesa.

A Zulawski le gustaba la idea de relacionar su obra con todo lo que significara “exceso”. Esto se debía a que, aunque también apreciaba otro tipo de cine más convencional, lamentaba lo predecibles que resultaban la mayor parte de las películas, enfrentándose a las posturas comerciales prevalecientes. El realizador polaco pretende provocar nerviosismo, que el espectador esté en todo momento pendiente de la pantalla sin sospechar qué es lo que puede acontecer en la siguiente secuencia.

La historia de La posesión no es lineal; el realizador transmite los sentimientos de caos, disgusto y desorientación que caracteriza toda ruptura traumática. La película comienza de forma convencional, pero a medida que va avanzando, los elementos se van complicando hasta provocar una sensación incómoda para el espectador, que se ve abrumado por las imágenes. La sensación final es que has visto algo totalmente distinto a lo que estabas acostumbrado.

La criatura y el doppelgänger

Por lo que se refiere al apartado técnico, la viscosa criatura es obra de Carlo Rambaldi, célebre por ser el creador de E.T. el extraterrestre y por los efectos de la cabeza mecánica de la criatura de Alien. El artista italiano ganó el Oscar por sendos trabajos, siendo también destacable su aportación en el King Kong de 1976. Realmente, el monstruo es uno de los elementos más angustiosos del film, y más cuando descubrimos que a medida que Anna va teniendo relaciones sexuales con él, éste va adquiriendo una forma humana hasta convertirse en un doble de su marido. De igual forma, y para completar la dualidad de ambos personajes, Marc también encuentra el doble de su esposa en la profesora de su hijo Bob, una versión calmada y dulce de la mujer que querría para él.

Bruno Nytten nos ofrece una fotografía muy sucia y grisácea que nos proporciona la sensación de una atmósfera malsana, agravada por las peleas, agresiones y las automutilaciones con el cuchillo eléctrico de los protagonistas. La ciudad de Berlin se representa como una ciudad vacía en la que los personajes actúan al límite, la metáfora perfecta de entidades que están divididas y aisladas como el alma de los protagonistas.

La posesión es una película difícil, que incluso puedes llegar a odiar en algún momento porque pone patas arriba todas las convenciones narrativas a las que estamos acostumbrados, pero ya desde la primera vez te atrapa irremediablemente, sensación que con nuevos visionados convierte la película en una obra indispensable, mezcla del onirismo de Lynch y la frialdad escénica de Kieslowski, rematada con una brutalidad incuestionable que la ha convertido con el paso de los años en una cinta absolutamente de culto.

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