Posteado el 17 diciembre, 2017 Por en Críticas con 46 Visitas

Star Wars: Los últimos Jedi

STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI (“Star Wars: The Last Jedi”), de Rian Johnson. 2017.

Mitología en bucle

Qué capacidad de movilización y debate ha conseguido certeramente Disney… Y digo certeramente porque es un acierto en lo que al aspecto económico se refiere, con una nueva recaudación récord. Más discutible es, evidentemente, su logro artístico…

En el apartado técnico no hay duda. Su efectismo visal es apabullante, marca de la casa desde 1977, pero en lo que a guión concierne -lo que creo que debería interesarnos en mayor medida- es más discutible. Historia, efectismo y música -su aspecto menos cuestionable por la demostrada maestría de Williams- son los puntos más característicos de esta saga. La historia y su guión nunca fueron de una profundidad extraordinaria -ni falta que le hacía, ya que la simple narración de la sempiterna lucha entre el Bien y el Mal, trufada de ingeniosas miradas al cine clásico de aventuras de magos medievales e intrépidos piratas construyeron una narración que golpeó con aplaudido éxito al púbico de 1977. Hubo poco dinero y mucho ingenio e ingenuidad, y elló pilló por sorpresa a unos y otros.

Ahora, 40 años después, hay mucho dinero y admitámoslo, poco ingenio y nula ingenuidad. Si la trilogía de los episodios I, II y III contó con discutible habilidad los sucesos propios al advenimiento del Imperio de Lord Vader y Palpatine, algo que podía interesarnos relativamente, en los nuevos episodios en desarrollo no se nos cuenta nada nuevo: una vez derrocado el Imperio, ahora, a modo de reboot, se nos repite la misma historia contada en los episodios IV, V y VI, cambiando nombres y personajes. Sin ningún pudor se copian escenas clásicas bajo la sombra de guiños. Los guiños duran un parpadeo, ni siquiera una escena… ¿En serio que Disney no podía fichar a guionistas que continuasen la historia con auténticas novedades y con un leitmotiv más potente que la mera búsqueda de un rastreador que dé algo de esperanza a la Alianza Rebelde?

Y en todo ello late una contradicción evidente: por un lado, a la generación que vivió las películas clásicas, se le trasmite el mensaje de pasar página de lo que se mostró en ellas; y al mismo tiempo se copia la misma narración cambiando personajes que los nuevos públicos más jovenes aplauden, fruto de un gran trabajo de marketing y de lo eficaz del planteamiento narrativo de 1977. Un reboot que consiste en romper ese juguete viejo y antiguo, copiar su esencia y construirlo con nuevas piezas. En definitiva, una insatisfactoria jugada para los que lo disfrutamos en su momento.

En los episodios I, II y III la narración no era todo lo buena que merecíamos -a nadie debió interesarle una alargada  infancia y adolescencia del malísimo Vader- pero se explicó algo nuevo sobre la saga: los tiempos de la República y los entresijos políticos de Palpatine para su ascenso y proclamación del Imperio. Ahora se recrean los episodios IV, V y VI en bucle con nuevos personajes que relevan a los antiguos con un gran envoltorio técnico que no será suficiente para muchos. Llamémosle Primera Orden al Imperio; llamémosle Kylo Ren a Vader -aunque incomparable, como sugiere el no tan supremo, visto lo visto, líder Snoke-; llamémosle Rey a Luke, y Luke a lo que fue Yoda en El Imperio Contraataca…

Una vez más, pues, este episodio VIII defrauda en lo que cuenta, y como lo cuenta, con un bochornoso humor impropio de una saga de esta categoría. Señores de la Disney, esto no es Thor III, no lo empapemos todo del tono desenfadado y chistoso de algunas de las últimas producciones Marvel, y además, los chistes son malísimos, de vergüenza ajena: Luke lanzando su espada láser hacia atrás, Rey reprochando a Kylo Ren que ande sin camiseta, chascarrillos entre Leia y Holdo sobre el uso de la célebre May the force be with you

Y por lo que respecta a los protagonistas… ¿Nadie ve que el tándem Finn (John Boyega) – Rose (Kelly Marie Tran) no hay por dónde cogerlo? ¿Que Poe Dameron (Oscar Isaac) no tiene el carisma que se pretende ni el que comentan Leia y Holdo en una conversación entre porteras antes de afrontar la escena decisiva? ¿Que Domhnall Gleeson directamente se autoparodia en esta entrega con unos tics impropios de su calidad como actor? ¿Que la lucha interna de Kylo Ren ya cansa, hasta forzar una actuación bastante cuestionable de Adam Driver, y que lo único que vemos es que nunca llegará a ser ni una sombra de lo que fue Vader? ¿Que el fichaje de Laura Dern es totalmente prescindible? ¿Y el de Benicio del Toro, que es casi igualito al personaje de The Collector que interpreta en Guardianes de la Galaxia? ¿Que no podemos contentarnos con pequeñas pinceladas sin importancia de Chewbacca, R2 o C-3PO? ¿De verdad que las mejores críticas que está recibiendo la película es porque sorprende?

Afortunadamente siempre nos quedará como valor seguro la música de John Williams, con la que sigue describiendo grandes momentos épicos en plena galaxia. Una galaxia que cada vez nos queda más, más lejana… La película deja además una sensación de cierre de trilogía que a ver como J.J. Abrams remonta esto en el episodio IX.

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