Posteado el 21 noviembre, 2017 Por en Críticas con 43 Visitas

The square

THE SQUARE, de Ruben Östlund. 2017.

Ruben Östlund cuestiona los clichés del arte contemporáneo y su representación en museos en The square, película ganadora, con polémica incluída, de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes. Pedro Almodóvar destacó, al entregar el galardón, lo políticamente incorrecto del film sueco como una de sus principales bazas. Está claro que The square pertenece a ese selecto grupo de películas que amas o detestas, siendo muy difícil que provoque indiferencia.

El realizador escandinavo despliega un humor muy particular y ácido que utiliza como herramienta de provocación, en pos de un sarcástico estudio del comportamiento humano, Éste es el caso de la escena en la que uno de los asistentes a una conferencia de arte en el museo, aparentemente afectado por el síndrome de Tourette, arremete desde su asiento entre el público contra la obra del artista y la propia conductora de la entrevista, con graves insultos provocados por sus tics fónicos. La película alimenta distintas subtramas y funciona como una serie de gags, la mayor parte de ellos de gran nivel, en el que Östund trata temas como la desigualdad, la irresponsabilidad y el narcisimo. En algunas ocasiones, lo representado no tendrá una explicación racional, como el hecho de que por el piso de Anne se pasee tranquilamente un chimpancé, pues al igual que ocurre con el arte al que critica, el film ofrece pinceladas que el espectador debe descifrar por sí solo.

En su anterior obra, la meritoria Fuerza mayor (2014), el planteamiento de Östlund era mucho más directo al tratar la relación de una pareja que se rompe después de un inesperado alud en los Alpes. El padre huye y deja solos a su mujer e hijos, provocando un cisma de confianza en el seno familiar que será muy difícil de reparar. En The square, Östlund aborda muchos temas desde diferentes puntos de vista, y lo hace poniendo a los personajes y a los espectadores en situaciones incómodas. El ejemplo más claro es la cena de gala con la irrupción del hombre-mono, hecho que provoca una gran incomodidad y una reacción en masa violenta.

Christian, interpretado por el danés Claes Bang, es el protagonista de la historia, un hombre separado, con una clase tremenda, pero con una inteligencia limitada. Trabaja como director artístico de un museo de arte contemporáneo de Estocolmo y soluciona sus problemas gracias a sus irresistible encanto y don de gentes. El robo del móvil y cartera en una trampa que le tienden en la calle será el detonante para que Östlund encaje una serie de situaciones en las que se analizará el carácter de Christian, sus prioridades en la vida y su capacidad para solucionar conflictos. El realizador sueco se ríe sin compasión de lo infantil, egoísta y esnob que resulta su protagonista. En general, Christian funciona como un personaje extraordinario, siendo el trabajo de Bang ciertamente encomiable.

Acompañando a Claes Bang encontramos actores norteamericanos conocidos por su trabajo televisivo como Elizabeth Moss (Mad Men, El cuento de la criada) y Dominic West (The Wire, The Affair). Anne (Moss) es una periodista que mantiene un curioso affaire con Christian, y juntos nos regalan una de las mejores ecuencias del film, la del preservativo. El tratamiento del sonido es muy importante en la película, especialmente en la escena de la conversación entre Christian y Anne en una sala del museo ante la atención de una empleada que trata de escuchar de qué están hablando. El acercamiento a los personajes secundarios es meritorio, como el del niño indignado por haber sido acusado de ladrón y que persigue a Christian por todas partes jurando que “se la va a liar parda”; el de la mendiga del 7-Eleven que le exige de muy malos modos al protagonista una chapata de pollo sin cebolla, y el del trabajador del museo que acude a las reuniones con un bebé que se pasa llorando la mayor parte del tiempo.

The square debe su nombre a la exposición reflejada en la historia, un espacio simbólico que recuerda nuestra responsabilidad ante la comunidad, defendiendo la igualdad y confianza entre las personas. En una sociedad marcada por el individualismo y la falta de solidaridad, la apuesta por este elemento de paz y comprensión se utiliza como algo subversivo en el film. El mundo del arte es el escenario perfecto para esta historia sobre las miserias de las sociedad occidentales, y que subraya especialmente la lacra de la mendicidad. Si un mundo mejor es posible, éste no lo vamos a encontrar en la notable película de Östlund…

Tags : , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *