Posteado el 2 diciembre, 2017 Por en Críticas con 43 Visitas

Tierra de Dios

TIERRA DE DIOS (“God’s own country”), de Francis Lee. 2017.

En los créditos finales, imágenes de archivo de granjeros y agricultores británicos trabajando en el campo acompañan la voz de Patrick Wolf mientras éste repite “…and I long to be carried on out of the loneliness, and the emptiness of the days…”. Así se siente el protagonista de la historia, Johnny Saxby, un joven granjero del condado de Yorkshire que vive con su padre, afectado desde hace años por graves problemas de salud, y su abuela, quien, resignada, intenta poner un poco de orden a la casa. El joven se evade de los problemas de su anodina vida abusando del alchol y teniendo encuentros sexuales fugaces con otros chicos de la región. Su vida cambiará por completo cuando un joven rumano llamado Gheorghe llega a la granja para echar una mano con la cría de las ovejas.

Francis Lee debuta haciendo gala de una madurez asombrosa con esta opera prima sobre la aceptación de nosotros mismos y nuestra relación con el entorno. Lee, perfecto conocedor de la realidad de West Yorkshire -donde no hay cobertura ni llega el wifi- compone una historia acerca de unas vidas muy arraigadas a la tierra. En una región donde las oportunidades escasean y las condiciones climáticas son muy duras, los granjeros hacen todos lo posible para tirar adelante con sus vidas, cuidando del ganado y sembrando la tierra.

Josh O’Connor está impresionante interpretando a Johnny y Alec Secareanu le da la réplica en el papel del joven rumano Gheorghe. Es inevitable comparar la cinta con Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), aunque en realidad estamos ante una aproximación muy distinta a temas como el amor homosexual y el aislamiento. El film de Ang Lee tenía que ver con la lucha contralas normas sociales y la construcción de una doble vida como reacción a la incomprensión que éstas generaban, mientras que en el film de Francis Lee todo resulta más llano y directo, y la lucha de los personajes es interior, para lograr aceptarse.

De hecho, Gheorghe tendrá más problemas por su condición de inmigrante que por su condición sexual, y la familia de Johnny acaba dejando en un segundo plano la realidad que afecta a la pareja protagonista, pues, en sus circunstancias, la preocupación principal es la mera supervivencia. La película refleja un realismo muy británico, que recuerda en gran medida a Kes (Ken Loach, 1969), también ambientada en la misma zona rural de Inglaterra.

Dos elementos resultan fundamentales en la recreación de esta historia. La interacción, no solamente mental, sino también física, de los cuerpos de los chicos con la naturaleza, dando mucho significado a los desnudos; y la importancia del subtexto, de las emociones que se perciben pero no se pueden expresar. Éste será el camino que Johnny deberá recorrer para encontrarse a sí mismo. Es muy tangible la sincronización entre la evolución de los sentimientos de los personajes y cómo ésta afecta al entorno natural. En este sentido, Johnny aprende a ser más responsable y cuidadoso en sus tareas cuando es capaz de asentar sus emociones y buscar su bienestar emocional.

Con una gran aceptación en los festivales por los que ha pasado y con once nominaciones a los próximos British Independent Film Awards, Tierra de Dios se perfila como una de las mejores películas de este año. Un crudo drama con excelentes interpretaciones -no olvidemos a los espléndidos secundarios Ian Hart y Gemma Jones- que sabe trasmitir unas emociones a flor de piel con una madurez impropia de un debut cinematográfico. Chapeau.

Tags : , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *