Posteado el 30 diciembre, 2017 Por en Críticas con 43 Visitas

Una vida a lo grande

UNA VIDA A LO GRANDE (“Downsizing”), de Alexander Payne. 2017.

“Empequeñecerse” para salvar el planeta

Alexander Payne nos presenta una fábula de ciencia ficción con el tema del medio ambiente como telón de fondo, en la que Paul Safranek (Matt Damon) y su esposa (Kristen Wiig) forman un matrimonio de clase media de Omaha que deciden aprovechar un avance científico para reducir su tamaño hasta los diez centímetros. De este modo la humanidad puede combatir la crisis de superpoblación que afecta al planeta y vivir en gran abundancia, algo imposible con su tamaño real, ahogados por los créditos bancarios y las deudas. Uno de los elementos más sorprendente de esta proeza es la poca cantidad de residuos generada por la primera comunidad de “pequeños”, establecida en Noruega, tierra natal del científico responsable de tan asombroso hallazgo.

Ésta es la original premisa del film del realizador de Entre copas (2004) y Los descendientes (2012), que junto a su guionista de cabecera, Jim Taylor, confecciona un film que se mueve entre el drama y la comedia y que no comparte las características habituales de la ciencia ficción clásica, a la vez que supone una radiografía de nuestro tiempo.

La verosimilitud del mundo miniaturizado es deliciosa y Payne consigue grandes imágenes como cuando los cuerpos reducidos son recogidos por una espátula después del proceso de reducción de tamaño. Sin embargo, el film acaba tomando caminos equivocados que lastran el conjunto final. La aparición de un gran personaje secundario como Ngoc Lan Tran, la disidente vietnamita reducida por su gobierno -aquí vemos la cara perversa del mencionado avance científico- se ve posteriormente perjudicada por el gran protagonismo que ella misma acaba adquiriendo en la historia. La gran química entre este personaje y un excelente Matt Damon -a la altura de Jack Lemmon interpretando a un hombre de lo más común- tenía su valor en lo anecdótico y no en una continua reiteración del mensaje que Ngoc lleva implícito. De igual modo queda algo desdibujada la intervención del personaje del gigoló serbio Dusan Mirkovic, interpretado por un histriónico Chrisyoph Waltz, que al final acaba molestando más que otra cosa.

Y es que en el afán de demostrar que en el mundo en miniatura se acaban produciendo las mismas injusticias que en el mundo real, la película da un giro enfocándose hacia el tema de los refugiados y subrayando demasiado esta problemática en detrimento de otros aspectos que habían suscitado nuestro interés, como la perspectiva del personaje de Paul Safranek tratando de reiventarse en una sociedad liliputiense, hecho que se interpretaba como una metáfora de su propia crisis existencial como hombre de mediana edad con una existencia anodina.

En definitiva, Una vida a lo grande es un film con un ariesgado punto de partida que plantea lo interesante de la idea de “decrecer” como la decisión del individuo para sobrevivir a una humanidad condenada a la desaparición, pero que debido a unos desafortunados virajes de guión, acaba diluyendo esta perspectiva en la repetitiva problemática de la marginalidad de los inmigrantes. La película, que aunque lo pueda parecer, no está planteada como una revisión de Cariño, he encogido a los niños (Joe Johnston, 1989), es una ácida sátira social con resonancias políticas de resultado irregular.

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