Posteado el 23 diciembre, 2017 Por en Críticas con 216 Visitas

Wonder

WONDER, de Stephen Chbosky. 2017.

El drama del marginado

Stephen Chbosky había demostrado en Las ventajas de ser un marginado (2012) -basada en su propia novela- su habilidad para retratar personajes con graves problemas de adaptación. En Wonder, basada en el best-seller homónimo nombre de la escritora R.J. Palacio, el realizador nos cuenta la vida de Auggie, un niño de 10 años que nació con una deformidad en la cara y que debe afrontar su primer día de colegio en la ciudad de Nueva York.

Wonder repasa un amplio universo de personajes para tratar -aunque ciertamente muy de pasada- el punto de vista de las personas que forman parte del mundo de Auggie, interpretado por un Jacob Tremblay que parece destinado a copar los papeles infantiles más suculentos desde su espectacular actuación en Room (Lenny Abrahamson, 2015).

Chbosky escoge una vía amable de tratar el problema, obviando la tragedia, aunque sí dando rienda suelta en algunos momentos a un tono bastante lacrimógeno que le asegure el éxito comercial, en un intento de resultar cercano para todos los públicos. El embriagador poso indie que caracterizaba su anterior obra deja paso a un acercamiento más tolerante y lleno de buenas intenciones que busca la aceptación del gran público, sin grandes filigranas.

La realidad es que el retrato del personaje es cercano y entrañable, garantizando la empatía del espectador por una historia que comparte muchas similitudes con Máscara (Peter Bogdanovich, 1985), una obra muy superior que trataba la discriminación desde una perspectiva más cruda y realista. La película es, en definitiva, un homenaje al poder de la amistad y a la capacidad de superación, acercándonos una realidad terriblemente cotidiana en nuestros días como es el bullying escolar.

Julia Roberts y Owen Wilson secundan el reparto interpretando a Isabel y Nate, los padres de Auggie, unos personajes desarrollados de forma bastante liviana como ocurre también con el resto. Izabela Vidovic es Via, la hermana mayor de Auggie, quien dará a conocer su punto de vista desde el segundo plano al que ha estado confinada toda su vida y Danielle Rose Russell es Miranda, la mejor amiga de Via, que incomprensiblemente se ha alejado de la familia después de regresar de las últimas vacaciones. La película tratará de explicar todo ello, pero de una manera muy previsible, torpe y resolviendo todo en un final con evidentes tintes de feel good movie que resultan muy poco sinceros.

Chbosky se esfuerza en añadir componentes de humor al drama para minimizar la carga sensiblera del mismo, y con ello consigue que la película cumpla con su propósito, aunque no la hace meritoria de ser un referente en el futuro.

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