Posteado el 4 marzo, 2018 Por en Críticas con 180 Visitas

Yo, Tonya

YO, TONYA (“I, Tonya”), de Craig Gillespie. 2017.

La verdad en clave satírica

Margot Robbie demuestra su talento interpretando -y produciendo, junto a su marido Tom Ackerley- Yo, Tonya, una crónica en clave de sátira que repasa uno de los episodios deportivos más escandalosos que se recuerdan. En 1994, la patinadora Tonya Harding (Margot Robbie) se vio envuelta en la polémica en torno a la agresión a su acérrima rival, Nancy Kerrigan, antes de los JJ.OO. de Lillehammer. La más que probable involucración de su marido, Jeff Gillooly, en esta trama delirante para allanar el camino hacia el triunfo de la polémica patinadora, condenó a ésta al desprecio y al ostracismo.

Steven Rogers firma un potente guión en forma de mockumentary que en ningún momento renuncia a la comedia -no hubiera sido posible hacerlo de otra forma- para repasar la trayectoria de los protagonistas de una historia que más de veinte años después todavía sigue levantando dudas. El film, más que pretender darnos una clave exacta de lo qué ocurrió -la verdad es que poco importa ahora- sirve como un preciso retrato de personajes al filo mediante el análisis de cómo la sociedad norteamericana tiende a levantar y destrozar mitos con la misma facilidad, además de una aproximación a cómo la “verdad” es percibida por los medios de comunicación y nosotros mismos.

Yo, Tonya se basa en un excelente trabajo de Margot Robbie, quien interpreta a la patinadora desde los 15 años hasta la cuarentena, repasando las desdichas que la condenaron a convertirse en una villana para la opinión pública -una educación precaria en una familia white trash de Portland, una madre abusiva y manipuladora, y un marido maltratador-. La película supone la consagración absoluta de la actriz Allison Janney, quien ha arrasado en la carrera de premios de esta temporada, para quien Steven Rogers escribió directamente el personaje de la déspota madre de la patinadora. Sus intervenciones son hilarantes y confirman a Lavona Harding como uno de los personajes más golosos que se recuerdan en los últimos años. Sebastian Stan demuestra su calidad interpretando al marido de Tonya y confirma que uno de los puntales del film es la composición de cada uno de los personajes de la historia, los cuales recuerdan en sus acciones al sórdido universo de los Coen -no hay que perder de vista al guardaespaldas de la patinadora y sus secuaces-.

La montadora Tatiana S. Riegel despliega su talento para hacer que la película nos mueva de un lado para otro con gran destreza, en un ejercicio que pretende captar la esencia de los mejores trabajos de Scorsese, y lo hace muy dignamente. Las escenas de patinaje son una delicia, con Robbie alternando los movimientos con su doble. Más difícil resultó emular el triple axel característico de la patinadora, ya que este aspecto se tuvo que trabajar con truco, pues ninguna patinadora en activo capaz de realizar esta figura se prestó a realizarla para el film.

En definitiva, Yo, Tonya es un trabajo de estilo de Craig Gillespie, quien retrata una historia sensacionalista de los años 90 con una aproximación muy actual llena de testimonios contradictorios, efectos tragicómicos y escenas muy inspiradas. La película debe entenderse como una farsa que nos acerca una historia de las que sirven para justificar aquello de que “la realidad siempre supera a la ficción”. Uno de los grandes trabajos del año.

Tags : , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *